domingo, 15 de enero de 2012

Crónicas de un enfermo ...

Sufrida la intervención y superada la etapa de mi convalecencia estaba a la espera de que la enfermera  me quitara la aguja de la vena de mi mano donde me medicinaban con el suero y antibioticos de rigor, arregláramos lo de la vestimenta y me dieran de alta, cuando entraron a la sala un par de médicos seguidos de varios estudiantes, algunos de ellos aunque verdes aún, ya mostraban actitud de médicos, mientras otros tenían cara de asistir a una aburrida clase y detrás, tres rezagados que claramente desperdiciaban el dinero  que  sus padres invertían en sus educaciones  porque a simple vista se podía deducir que ellos no sabían, ni entendían lo que se estaba explicando y hasta tenían caras de no saber ni que estaban haciendo ahí.-

Terminada la orientación general de los Médicos profesores, éstos les encomendaron a sus alumnos que cada uno tomara un paciente de esta sala para concluir con una inspeccion in situ, la clase del día. Presa de temor traté de seleccionar a mi vez, a un estudiante con actitud de médico en vez de ser escogida al azar por alguno de estos aprendices. Oré y supliqué y luego supliqué y  volví a orar, pero para mi tristeza, ni oraciones ni súplicas fueron escuchadas (luego me acordé que soy atea, así que tenía sentido la ausencia de ayuda celestial).

Cerré los ojos y me extendí sobre mi cama cual toalla mojada para fingir que requería un sacerdote para la extrema unción o que estaba en esperas del pantionero. Vano intento.

Una estudiante de raídos jeans cuyo nombre ni me acuerdo  ni me interesa recordar, se me acercó luciendo chillantes y moradas sandalias y una camisa ajustada a su cuerpo, sacó de su mochila "totto" un lapicero con plumas que hacían juego con su extravagante  atuendo y una libretita de apuntes que más bien daba la  impresión de ser  su diario personal, pero obviamente dispuesta a hacerme del tiempo que me quedaba ahí, una verdadera tortura.

Pero bueno, no hay que dejarse llevar por la primera impresión pensé ingenuamente.

Después de aproximadamente un minuto escuchándola, me encontraba ya desesperada por salir de ella, su voz, sus preguntas mal direccionadas, su mala caligrafía y sobre todo su falta de tacto humano para con una impaciente paciente, me hicieron sentirme nuevamente rumbo al quirófano.
 
Me llené de valor y haciendo acopio de todas mis fuerzas logré decirle que yo había sido dada de alta esa misma mañana y que mi historia clínica no llenaba los requisitos de un conejillo de indias, es decir, de su "tarea del día" porque no podría darme seguimiento.-

Nada le interesó en lo más mínimo a la tremenda estudiante. Por unos segundos irguió su cabeza como  queriéndome escuchar, pero fue sólo impresión mía,  simplemente siguió con sus preguntas y sus "ajases" como bisilábicas respuestas acompañadas de  su alucinante tic nervioso que intermitente e incesamente golpeteaba el suelo con la punta de su zapato  derecho y que sustituía mi estado de convalecencia con una impaciencia próxima a la locura.

A alguna fuerza invisible le di las gracias cuando la estudiante se fue, pues ya estaba a punto de llamar a la enfermera para que me  volviera a poner el suero y los antibióticos porque en mi desesperación sentí que la extensa herida de la cirugía estaba a punto de abrirse.

Aunque durante la tortura me rondearon las lágrimas, hoy sonrío de aquellos recuerdos, pues posteriormente fui informada de que se trataba de estudiantes de una universidad privada, a la que sus padres las enviaron malgastando su dinero con amor en una educación cuyos hijos tenían como única preocupación decidir si almorzar, en el  Mc Donalds o en la Pizza Hut mientras que los otros estudiantes que ya lucían con actitudes de médicos se marcharon a almorzar unas tortillas o tajadas de plátanos con queso o quesillos al kiosko de la entrada del hospital. Estos últimos eran alumnos de la  universidad pública.

Me sobreviven dos reflexiones: la primera: Casi me mata una estudiante desinteresada en aprender medicina, experiencia de la que salí viva aunque casi a rastras y la segunda: ¿ Qué clase de médicos serán estos chicos cuando se graduén? Espero que en el camino encuentren la madurez para ser si ya no un excelente Galeno, por lo menos uno decente que no trate a sus pacientes  como me trataron aquel día.

La vida es así, compuesta de ironías, parodias y paradojas.- Es preciso mantener nuestra dulzura y ver siempre lo bueno en cada situación incluyendo en las adversidades. No cuesta mucho, sólo hay que respirar y contar hasta diez (bueno, a veces vale contar hasta 20) y seguramente te evitarás una amargura temporal.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada